Artes y información de las manías

Las manos ociosas engendran el trabajo de los diablos


Como muchacha meridional, la costura era un rito del paso. Usted nunca preguntó si usted aprende, él era una cuestión de cuando. Aunque poseo la habilidad, fue puesta raramente al uso. Un día, mientras que hacía compras para un edredón, volví a mis raíces.

Buscando para un edredón con una sensación étnica, fui a varios almacenes grandes. No encontré nada que apeló a mi sentido del color, del estilo y de la cultura - nada que habló a mi alma. Así pues, di para arriba, fui a un almacén africano de la tela, telas seleccionadas, e hice mis los propios.

Como niño en Alabama rural, esta memorias restauradas rutinarias del primer edredón que hice nunca. Era nueve y en el cuarto grado. Alrededor de este tiempo, mi abuela hizo un edredón para cada uno de sus nietos como regalo de la Navidad. Ahora, mi sobrino de nueve sueños en ese mismo edredón. Hecho andrajos y re-cosido en varios lugares, sigue siendo un favorito familiar.

Mientras que hacía mi edredón más reciente, volví a descubrir que el acolchar es más que cosiendo, él soy un enlace de la generación a la generación. Envuelto en el regalo de mi abuela, siento su presencia. Pelo oblicuo, riendo en su regazo, soy nueve otra vez, con todas sus alegrías apoyadas.

El cortar y costura, hay el rebirthing de gran alcance de una época pasada - el olor de la madreselva en una cerca, el sonido metálico de las campanas de la vaca oídas del campo, jugo de la sandía que circunda la curva de un codo pegajoso, ceniciento.

Me convencen de que si la juventud de hoy fuera enseñada para ocupar sus manos con más que abotona en un juego video, aprenderían la paciencia, orgullo, y desarrollan confianza. Y apenas quizá, tendríamos poca juventud preocupada hoy. Como abuela usada para decir, las “manos ociosas engendran el trabajo del diablo.”

A las nueve, usted no se relaciona con ese sentimiento. Pero como diseñé, corte, y cosido, las horas enfocó cerca. Sentía como si me perdieran en un buen libro, sólo decidía los caracteres, el diagrama, la conclusión.

Ahora que Zola (mi máquina de coser) ha destraillado sus energías mágicas, ella rechaza ocuparla lugar una vez familiar en la parte inferior de mi tronco viejo de la universidad. Ella se sienta encima de sus nuevos alrededores orgulloso, haciéndome señas, como si para amonestar mis manos ociosas.

Hay los días en que digo Zola dejarme solo, pero en ninguna hora en todas las telas en todos sus colores y patrones imaginarios haga señas, y somos uno otra vez, creando en el unísono, cosiendo literalmente las semillas de nuestro destino.

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